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El 26 de julio de 1953
más de cien jóvenes armados con escopetas y disfrazados de
militares, cumpliendo órdenes de Fidel Alejandro Castro Ruz,
asaltaron el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba. |
Además del cuartel, los castristas querían tomar el Palacio de
Justicia y el hospital Saturnino Lora, que estaban
cerca.
Ese mismo día otros castristas asaltaron el cuartel Carlos Manuel de
Céspedes, en Bayamo, provincia de Oriente; eran dirigidos por los
hermanos Raúl y Mario Martínez, quienes no son conocidos fuera de
Cuba porque su asalto no ha sido difundido mucho desde La Habana.
En
los dos cuarteles fueron vencidos los asaltantes. Hubo decenas de
muertos (castristas y militares).
Cubanos bien informados aseguran que Castro, quien fue de los
asaltantes que lograron escapar, se escondió en una finca y, como
“buen cristiano”, obtuvo la protección del Arzobispo de Santiago de
Cuba, Monseor
Enrique Pérez Serantes, quien lo entregó a las autoridades (cuando
Castro llegó al poder expulsó sacerdotes y se buscaba problemas el
que hablara bien de la Iglesia Católica). Según la versión de los
castristas, publicada 43 aos
después, el 24-7-96, en Granma Internacional, la detención de su
líder, el 1 de agosto de 1953, se produjo cuando: “El teniente Pedro
Sarría Tartabull sorprendió, exhausto y durmiendo en un bohío, al
jefe del movimiento, juntamente con otros de sus compaeros
que se mantenían en el monte”.
El
16 de octubre de 1953, en el Tribunal de Urgencia de Santiago de
Cuba, Castro fue condenado a quince aos
de prisión, pero cumplió menos de dos, porque el dictador Batista,
con apoyo del Congreso, lo perdonó con una amnistía, en mayo de
1955, a pesar de que varios militares y civiles, que conocían al
preso, advirtieron que sería un grave error. Cuatro aos
después Castro fusilaría al que hiciera una décima parte de la
matanza que el dirigió en el cuartel Moncada.
Si
los jóvenes asaltantes hubieran tenido más conocimientos militares y
menos fanatismo, habrían sabido que era un suicidio tratar de
ocupar el cuartel Moncada con escopetas y revólveres.
Castro,
el comandante,
no fue de los que entraron
a pelear
al
Moncada.
Quizás por eso no fue herido y tuvo fuerza para correr cuando ordenó
retirada.
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PRINCIPAL DIARIO
ESPAÑOL
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INFORMA TURISMO CUBANO ESTA GRAVISIMO |
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Playa de Varadero,
hermoso regalo de la Naturaleza para los cubanos y sus
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REPORTAJE: El futuro de Cuba |
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El maná del turismo se agota |
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La desidia y la mala gestión llevan al declive de un sector clave
para la economía del país.
MAITE RICO
- Madrid -
Nadie podía negar que las autoridades cubanas se habían esmerado. La
27ª Feria Internacional de Turismo de La Habana ofrecía el pasado
mayo una "fiesta de sol y mar" a los profesionales del sector. Sólo
a ellos. La prensa extranjera acreditada en la isla tenía vedado el
acceso. Y es que las sonrisas oficiales no lograban disipar los
nubarrones estadísticos. El turismo había entrado en caída libre en
el primer bimestre del año (temporada alta), con un descenso en
febrero del 13% respecto al mismo periodo de 2006, que a su vez
había disminuido un 7% respecto a 2005. El sueño triunfalista del
"turista 2,5 millones" saltaba por los aires.
La
arbitraria política monetaria ha hecho de Cuba un país caro con
servicios deficientes.
"Las cifras están maquilladas. La realidad es peor", dice un
empresario español vinculado al sector hostelero cubano. "Acabo de
regresar de allí. La Habana está muerta. Los hoteles andan medio
vacíos y los locales, desiertos". Según el economista cubano Carmelo
Mesa-Lago, profesor emérito de la universidad de Pittsburgh, la
ocupación hotelera pasó del 63,5% en 2004 al 55,7 % en 2005, y a
alrededor del 50% en 2006.
El
régimen cubano esgrime justificaciones externas: desde el
encarecimiento de los vuelos por la subida de los precios del
petróleo al recuerdo de los ciclones de 2005, pasando por las
restricciones de viajes impuestas por Estados Unidos. Los expertos
miran al interior de la isla: el sector, locomotora de la moribunda
economía cubana, es víctima de los despropósitos oficiales, la mala
gestión y la desmoralización en las que sucumbe la isla.
En
2004, Fidel Castro ordenó que las Fuerzas Armadas (es decir, su
hermano Raúl) asumieran el control del turismo. En teoría, para
combatir la corrupción y mejorar la gestión. De hecho, para tener
aferrado un sector estratégico que genera anualmente 2.400 millones
de dólares (uno 1.800 millones de euros) y proporciona empleo a
300.000 personas.
El
resultado de la administración castrense es, a decir de los
entendidos, un desastre. "La rigidez mental y la cerrazón política
son incompatibles con la apertura y la agilidad que necesita el
turismo", afirma el empresario español, que quiere mantener el
anonimato. "Un hotel no es un cuartel".
El
empeño del régimen en castigar a la moneda extranjera ha convertido
a Cuba en un destino caro. La revalorización del peso convertible
cubano en cerca de un 20% frente al dólar (las casas de cambio
entregan 80 pesos por 100 dólares) ha disparado unos precios que no
se corresponden con un servicio más que deficiente.
La
falta de bombillas, la suciedad, las carencias en los alimentos y el
deterioro de las instalaciones son la tónica dominante en hoteles
capitalinos que cobran por encima de los 150 dólares por habitación.
La asociación de operadores de Canadá, principal emisor de turistas
hacia Cuba, protestó el año pasado ante el Gobierno cubano por el
servicio hostelero, los robos en hoteles y el costo de combustible
para aviones, un 33% más caro que en otros destinos.
La
pretendida lucha contra la corrupción, por otro lado, está
castigando a los eslabones más débiles, porque, según un funcionario
español del sector turístico que conoce bien Cuba, "ha cortado las
únicas vías de escape que tenían los empleados para sobrevivir,
desde el robo de comida en el almacén hasta las propinas, que ahora
se las retienen. El antiguo chollo que era lograr un puesto de
trabajo en la hostelería, donde un camarero vivía mejor que un
ingeniero o un médico, ya no lo es".
El
desánimo de los empleados se entiende mejor si se tienen en cuenta
sus condiciones laborales, propias de lo que el opositor cubano
Carlos Alberto Montaner define como "capitalismo mercantilista. Las
empresas extranjeras se ponen de acuerdo con el poder político para
explotar a una masa trabajadora que no puede defenderse", explica.
"En la hostelería, las cadenas españolas, como Sol Meliá, han
constituido sociedades mixtas con una dictadura que retiene al
trabajador el 95 % del salario".
El
empresario español rechaza hablar de explotación ("a todos nos
gustaría incentivar a los trabajadores, pero no podemos", dice),
pero reconoce que las condiciones son draconianas. "Los grupos
españoles pagan al Estado cubano entre 300 y 400 euros al mes por
trabajador. El Estado cubano le da al trabajador entre 200 y 250
pesos cubanos (unos 10 o 12 euros)".
En
mayo, el ministro de Turismo, Manuel Marrero, hombre de confianza de
Raúl Castro, anunciaba inversiones millonarias para mejorar las
infraestructuras y frenar el declive turístico. Un mes después, La
Habana rebajaba en un 20% las tarifas de aterrizaje. Sin embargo,
varios analistas, como el economista disidente Óscar Espinosa Chepe,
sostienen que, en el fondo, el régimen está deshaciéndose de un
sector que siempre ha detestado, por su miedo a la "contaminación
ideológica". Las subvenciones del presidente venezolano, Hugo
Chávez, que ha sustituido a la antigua Unión Soviética como madre
nutricia de la improductiva economía cubana, han fortalecido al
régimen, que ya tiene para completar la cartilla de racionamiento y
"no quiere ver turistas zascandileando por el país", dice el
funcionario español. "Lo que menos les estorba son los paquetes todo
incluido, que pueden controlar: 15 días en los Cayos o Varadero,
tostándose al sol, lejos del cubano de a pie, que tiene prohibida la
entrada en esos paraísos".
En suma, el
apartheid caribeño.
(Enviado a
Detodounchin.com por el lector Joe Noda).
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