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provocó que
pasara la mayor vergüenza de su vida.
Nunca imaginó
que su mansa "Lecherita" se sentiría mal por despertarla para
“jalarle” las tetas tan temprano y que protestaría dando rabazos
que golpeaban al ordeñador o volteaban la lata de la leche.
La paciencia
humana se agotó con el quinto rabazo, pero pronto llegó la
solución a la mente
del hombre: “moverse un poco para amarrar el rabo en el alambre
de secar ropa que habia cerca”. .
Pensó don
Hector que ya no habia motivo de preocupación pero, cuando
levantaba el rabo de la vaca para amarrarlo y ordeñar con
tranquilidad, por falta de una correa se cayeron los pantalones
y, en ése preciso momento, llegó para saludarlo su compadre
Aquilino quien, al verlo con el rabo agarrado y levantado, y de
ñapa con los pantalone en el suelo, en vez de decir “buenos
días”, voceó: “Compadre, ¿qué usted va hacer?”
Don Hector
contestó: “Compadre, piense lo que usted quiera, porque por más
que yo le explique usted no me va a creer”.
NOTA:
En este caso de la vida real fueron cambiados los nombres de
los compadres; para evitar una desgracia no aparece el nombre
del vecino que rego lo ocurrido y Hector se acostumbró a salir
con su machete, para usarlo si alguien se atreviera a
darle el saludo que él mismo habia popularizado:“¿Qué dice
ése toro de hombre?”
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