|
"Hay elementos que
acercan lo que hace Chávez a otra variante del autoritarismo".
Arroz con mango
¿Qué es esto? ¿Comunismo? ¿Militarismo? ¿Populismo de izquierda? ¿Fascismo?
¿Será importante saberlo? ¿No son, acaso, discusiones superfluas que
no resuelven nada y sólo sirven para el solaz de intelectuales
capaces de discutir sobre temas tan atrayentes
como
inútiles?
Chávez puede ser comunista, básicamente por su alineación política,
y está acompañado por algunos cuantos que también lo son. Sin
embargo, hay margen para preguntarse si su régimen está en el
proceso de crear una sociedad socialista o comunista, dentro de
alguna variante de la taxonomía marxista-leninista. ¿Venezuela va,
de verdad, hacia el comunismo?
El
Personaje
Decir que Chávez es comunista significa una concesión intelectual.
Supone que el hombre conoce a Marx y a Lenin, ha estudiado a Mao,
sabe lo que significan Kautsky y Rosa Luxemburgo, así como Trotsky y
Gramsci. Supone también que sabe de revoluciones, de la francesa, la
americana, la inglesa y de las que resultaron fallidas en la Europa
del siglo XIX, junto a las triunfantes del siglo XX con la
bolchevique en el frontispicio. Supone, sin duda, que los análisis
basados en las clases sociales acolchonan sus insomnios y que el
poder de los trabajadores martilla sobre su mesa de trabajo.
Pero no. Este rollizo mandatario, como lo llama Vera Izquierdo, no
es un intelectual y de estas cosas no sabe más que lo que absorbe
-¡y cómo!- en tertulias con esos muchachos españoles dogmáticos que
lo asesoran, que le han hablado de "hegemonía", o con aquellos
cubanos que se manejan a lo caribe, haciéndole creer al hombre que
progresa en su comprensión de la naturaleza de las revoluciones.
Nadie le ha dicho que el socialismo es un fracaso y que los que se
siguen denominando socialistas en la mayor parte del planeta lo
hacen dentro de tradiciones nominativas, difícilmente cambiables y
que están allí más por costumbre que por ideología (el PSOE en
España o el PS en Francia) o, de modo más simple, quieren
diferenciarse de la derecha rabiosa y enfatizar los tonos sociales.
Al hombre no le han explicado bien que los socialistas de hoy son
partidarios
del capitalismo social o popular.
Chávez es comunista por sus intenciones, las cuales emergen de una
maraña intelectual poco cultivada, pero en medio de un talento
natural para la lectura veloz y la retórica vacua. También es
comunista porque muchas de sus decisiones están enmarcadas dentro
del
propósito de crear una sociedad socialista, más o menos a la cubana,
y el sueño de dirigirla hacia una comunista en la cual no exista más
felicidad que la congelada.
Ser comunista sin saber qué es eso tiene en Chávez un excelso
exponente, lo que ha sido potenciado por la bellaquería de Castro,
quien no ha reparado en el ridículo al cual ha condenado repetidas
veces a su discípulo. Ha de acotarse que Fidel sí es un comunista de
uña en el rabo, un intelectual y político que recreó las condiciones
de las revoluciones socialistas, enmendándole la plana a Lenin y a
Mao, a Kruschev y a Brezhnev. Chávez quiere, pero no puede,
compartir los galones de Fidel, aunque éste ha cultivado tal ilusión
como zanganería de vieja hiena para engatusar a aquél.
Convéngase, sin embargo, que Chávez es comunista sin saber
exactamente cómo serlo, por las ejecutorias en las que ha
incorporado su régimen. Hay otros, cerca de él, o a tiro de piedra
de sus gulas intelectuales, que sí son comunistas de los de librito.
Es obvio que este personaje propone un régimen socialista de los
duros como
preludio a ese horizonte móvil que es el comunismo.
El
Gobierno
Hay algunos elementos que enchufan lo que ocurre en Venezuela con
esos propósitos revolucionarios. Uno, es el de la destrucción
progresiva de la propiedad privada sobre los medios de producción,
como se diría en buen marxismo. El segundo, es la concentración del
poder de la sociedad en el Estado, como supuesta representación del
colectivo, despojando a las élites preexistentes de mecanismos de
control económico (empresas), político (partidos), sociales (gremios,
sindicatos, ONGs) y simbólicos (iglesias, medios, aparatos
culturales).
Sin embargo, hay elementos que alejan lo que hace Chávez de
cualquier socialismo rabioso y lo acercan a otra variante del
autoritarismo, más clásicamente latinoamericano, militarista y
fascistoide. En primer lugar, el partido revolucionario
como condición
del socialismo que
Chávez se propone, es una ficción; no existe, no ha sido construido
y resulta muy difícil construirlo. Se requeriría una fuerza social
organizada ("el proletariado" o alguna variante) que no existe en el
horizonte social como parte del proceso chavista. En segundo término,
tampoco hay nada parecido al Ejército Rojo; no porque no existan
badulaques dispuestos, sino porque un ejército revolucionario no
puede construirse sin aniquilar completamente a los militares
institucionalistas; mientras tanto, la Reserva es una fiesta en
Elorza producto de la creencia de que aprendiendo a manejar el fusil
se está preparado para participar en una guerra. Otro factor
esencial es que la destrucción de la propiedad privada no ha
conducido a la creación de la propiedad social o colectiva, sino a
nuevas formas de propiedad privada; dicho en caraqueño, las masas
revolucionarias se cogen lo que encuentran, no para compartirlo,
sino para cogérselo; lo que más ha prosperado en este período es
apoderarse de todo: ¡proletarios del mundo, agarren que para luego
es tarde! También concurre el hecho de que uno de los más
importantes productos económicos y sociales de este tiempo es la
burguesía bolivariana; la mayor parte constituida por recién
llegados a los negocios junto a otros de cierta tradición y carencia
de escrúpulos, para los cuales el socialismo es un mal chiste de
Chávez.
Agobiados por el gobierno, sin sus sindicatos, porque éstos son
desconocidos desde arriba, dejados a la intemperie, los trabajadores
son los grandes excluidos, los nuevos grandes expulsados de una
revolución falaz que los invoca como su excusa.
Las
Mafias
Lo que de verdad ha emergido es una red mafiosa que controla puntos
neurálgicos de la sociedad. No son los proletarios; no son los
revolucionarios, sino una corte de bichitos que se ha puesto donde
hay y de lo cual esos jóvenes capturados en
Miami son una brevísima muestra de la morgue en la cual
yacen los buenos propósitos leninistas. Existen mafias, a la rusa,
que se reparten estructuras oficiales y dominan el acceso a
los altos
funcionarios, quienes las han puesto
como sus alcabalas móviles para todos los efectos prácticos y
lucrativos.
El Estado ha crecido
como nunca; ha crecido podrido y en cada una de sus
oquedades putrefactas se guarece una seccional de la mafia
bolivariana. En su marcha frenética hacia el comunismo, Chávez ha
conducido a la sociedad al enloquecido y pestilente capitalismo
salvaje.
carlos.blanco@comcast.net |